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Isabel Cuñado, quien
obtuvo su doctorado en
literaturas hispanas en
Cornell University, es
actualmente profesora
en Bucknell University.
Es, asimismo, autora
del libro
El espectro de
la herencia: la narrativa
de Javier Marías
,
piblicado por Rodopi
el año 2004.

How to cite this review:
Cuñado, Isabel.
"Joan Ramon Resina y
Ulrich Winter, Eds.
Casa
encantada: Lugares de
memoria en la España
constitucional (1978-2004)
.
Frankfurt am
Main/Madrid: Vervuert
Iberoamericana, 2005".  
Dissidences.
Hispanic Journal of Theory
and Criticism
.
On line. Internet:
15/09/06
(http://www.dissidences/
ReviewCasaEncantada.
html)
"Siguiendo
la idea de Nora
de que los
lugares de memoria
existen como
recordatorios
de un pasado
ya acabado,
se sugiere que la
ausencia de lugares
conmemorativos
de las víctimas
de las represiones
españolas
en Barcelona
se debe a que
la historia
que éstos
deberían recordar
no ha concluido
del todo. "
Joan Ramon Resina y Ulrich Winter, Eds.
Casa encantada: Lugares de memoria
en la España constitucional (1978-2004)
F
rankfurt am Main/Madrid: Vervuert Iberoamericana, 2005
D
n
Nadie puede dudar a estas alturas de que la memoria se ha puesto de moda en los estudios
peninsulares.
Casa encantada: Lugares de memoria en la España constitucional (1978-2004)
viene a confirmar esta tendencia y a anunciar que sólo acaba de empezar.  Los editores,
Joan Ramon Resina y Ulrich Winter, contribuyen al debate vigente con un estudio pionero
de los sitios conmemorativos de la memoria histórica. Se trata del primer libro que examina
en profundidad los lugares de memoria en el marco de la historia democrática española y su
relación con las identidades culturales y políticas reprimidas por el franquismo
(especialmente la catalana). Lo hace trayendo al debate otros estudios, además de los
históricos. La multiplicidad de las interpretaciones del término de Pierre Nora y de los
ámbitos analizados –desde la Constitución a las llamadas “fosas del olvido” – abre un
diálogo fértil y dinámico sobre la memoria histórica y sus posibles orientaciones de estudio.

Casa encantada ofrece una mirada interdisciplinaria de los lugares de memoria en España
desde parámetros tan diversos como los estudios culturales, los estudios urbanos, la
literatura, el cine, la filosofía, el arte, la historia y la política. Según los editores, el punto de
partida y enlace conceptual del libro es la idea de lieux de mémoire propuesta por Nora en
los años ochenta. El objetivo es “esclarecer los modos en que un colectivo se relaciona con
su pasado, asignándole un espacio virtual en la memoria compartida a través de una
localización en el espacio social” (10). El conjunto de ensayos plantea numerosas cuestiones
relevantes en torno a las diversas naturalezas y funciones de los lugares conmemorativos en
un marco territorial, España, donde coexisten identidades culturales con memorias
históricas distintas. Se trata de un innovador coro de perspectivas que invita a reflexionar
sobre las maneras en que en España se ha elegido conmemorar unos pasados y reprimir
otros, y en las implicaciones que esto tiene para la formación y exclusión de identidades
políticas, nacionales y culturales. Este libro llega, además, en un momento clave, haciéndose
eco del vibrante debate social y político actual sobre el derecho de Cataluña y del País
Vasco, no ya sólo a recuperar y conmemorar memorias suprimidas, sino a retomar procesos
de identidad cultural, política y nacional interrumpidos por la guerra civil.

En “Localizar a los muertos y reconocer al Otro: Lugares de memoria en la cultura española
contemporánea”, Ulrich Winter parte de la distinción entre los
lieux de mémoire de Pierre
Nora –marcados por la homogeneidad histórica del modelo nacional francés y susceptibles
de ser utilizados con fines conmemorativos por la cultura oficial– y lo que él llama los lugares
de memoria españoles. Éstos últimos tienen un sentido muy distinto ya que son “referentes
dislocados” (28) en los que se inscriben varias memorias colectivas: las de las dos Españas,
que a su vez se cruzan con las de las diversas identidades culturales y nacionales. Esta
pluralidad debería estructurar los lugares de memoria en España como sitios de
reconocimiento entre memorias conflictivas, frente a otros monolíticos representantes de
una “identidad española colectiva”. Además, mientras que los lieux de mémoire de Nora se
basan en la ruptura entre presente y pasado o entre historia y memoria, los lugares de
memoria en España pertenecen al mismo tiempo a la memoria viva y a la memoria mítica,
permitiendo la continuidad entre pasado y presente. Winter propone las fosas comunes de
las víctimas de la represión franquista como ejemplo de lugares de memoria y de
reconocimiento frente al Valle de los Caídos, el monumento funerario de Franco, un lugar de
memoria totalitaria y de exclusión del Otro.

Ángel Castiñeira ofrece en “Naciones imaginadas. Identidad personal, identidad nacional y
lugares de memoria” un sofisticado pero descontextualizado mapa conceptual de las
relaciones entre identidad individual, identidad colectiva y memoria. Castiñeira intenta
explicar el fenómeno de las identidades nacionales a partir de los procesos de construcción
identitaria del individuo. Una de las implicaciones más discutibles de este paralelismo es la
problemática caracterización del nacionalismo como un proceso patológico de “neurosis
identitaria” (69). También son cuestionables las condiciones de unidad e integración de la
narrativa del yo en las que supuestamente se basa la memoria biográfica, escenario que
chocaría con una visión comúnmente aceptada de la memoria como una narrativa abierta,
fragmentada y constantemente sujeta a la renegociación de fuerzas en conflicto. Como es
comprensible desde las ciencias sociales, el ensayo se caracteriza por un exhaustivo intento
de definir y clasificar conceptos, tipos de memoria, más que cuestionar los límites entre
ellos. Esta posición deja pocos espacios abiertos a las fisuras y contradicciones que pueda
presentar cada tipo de memoria, así como entre ellos.  A pesar de esta excesiva
categorización y de la acusada falta de referencias al contexto de la España democrática, la
visión teórica de Castiñeira abre al debate la valiosa perspectiva de las ciencias sociales.

En “El vientre de Barcelona: Arqueología de la memoria”, encontramos la imagen más
evocativa del libro: la de la ciudad como cuerpo que esconde en sus entrañas los restos de
un genocidio político y cultural. A través de esta fértil metáfora, Joan Ramon Resina examina
la relación entre la ausencia de lugares de memoria de la historia nacional catalana en
Barcelona y el urbanismo practicado en esta ciudad durante las últimas décadas. Siguiendo
la idea de Nora de que los lugares de memoria existen como recordatorios de un pasado ya
acabado, se sugiere que la ausencia de lugares conmemorativos de las víctimas de las
represiones españolas en Barcelona se debe a que la historia que éstos deberían recordar no
ha concluido del todo. Como ejemplo aparece el debate institucional surgido en torno al
destino de los yacimientos urbanísticos de la derrota de Cataluña ante las tropas de Felipe V
en la batalla de 1714, a raíz de su descubrimiento bajo el mercado del Born hace apenas tres
años. Puesto que “la relación entre derrota y destrucción de la memoria no es contingente”
(86), se advierte perspicazmente que los intentos de no conservar el escenario de esta
derrota particular de Cataluña revelan el deseo de hacer desaparecer los incómodos restos
materiales –esa “masa indigesta en el vientre de Barcelona” (94)– que legitiman la
persistencia de la memoria de los vencidos en 1714, así como de otros posteriores, incluidos
los de la guerra civil. Trazando un sugerente paralelismo entre excavación urbana y
excavación en la memoria social, Resina reclama el valor de las ruinas como memoria
visitable (y visible en las fotografías que complementan el ensayo), es decir, como espacio
alegórico de la masacre y de la pérdida de libertades de una nación.

Continuando en Barcelona, Colleen Culleton propone la historia del monumento al doctor
Robert como metáfora de la identidad catalana en  “La memoria descolocada: El
monumento al Dr. Robert”, una de las contribuciones más lúcidas del volumen. Culleton
examina la biografía del intelectual catalán y la historia de su monumento para sugerir que
este lugar de memoria a quien fue alcalde de la ciudad y uno de los primeros defensores de
la autonomía catalana se ha convertido en un signo de la vida de Barcelona.  Su supresión en
1940 y posterior reubicación en un lugar menos visible en los años 80 hablan del olvido y del
desplazamiento al que se han visto sometidos los valores políticos y artísticos de la  nación
catalana que el monumento representa.  Esta “perfecta(s) metáfora(s) de la recuperación de
una identidad herida” (125) es, en última instancia, un monumento a la memoria misma.

Joseba Zulaika amplía el marco geográfico del volumen con una mirada sobre Bilbao en “La
Palanca como transgresión y memoria: sexo, religión, amor e ironía en el Bilbao
postfranquista”.  El interés del contraste entre la zona históricamente marginal de la ciudad
con la nueva imagen posmoderna cuyo prototipo es el museo Guggenheim queda en parte
oscurecido por ciertas ambivalencias en la apreciación de La Palanca, a veces lugar de
“escándalo permanente” (137) y otras “utopía de la solidaridad obrera más allá de las
fronteras nacionales” (142).  También es ambivalente el concepto de lugar de memoria
manejado, tan indefinido que a menudo se pierde de vista: incluye en un principio La
Palanca (que nada parece tener que ver con los espacios conmemorativos oficiales a los que
se refiere Nora) y más tarde cualquier tipo de edificio (iglesias, centros de cultura y caseríos
entre otros) rehabilitado recientemente como refugio de marginados.  A pesar de todo y no
sin razón,  Zulaika sugiere en este ensayo donde la crónica histórico-social y lo
autobiográfico se cruzan y envuelven en un original halo lírico-ético, que la marginación,
siempre la otra cara de la modernidad, recicla sus espacios urbanos de supervivencia pero
no desaparece.  

Volviendo ahora la mirada sobre el cine y la literatura, Jo Labanyi examina en “El cine como
lugar de memoria en películas, novelas y autobiografías de los años setenta hasta el
presente” obras de Víctor Erice, Juan Marsé y Terenci Moix que “recurren al cine para
establecer una relación entre la memoria y el espacio” (159).  Labanyi se aleja del concepto
de lugar de memoria propuesto por Nora para tratar un tipo de lugar muy diferente, el cine,
que permite recordar la historia de manera subjetiva.  De este modo invita a pensar en la
“doble conciencia” (160) que el cine ofrece: la del viaje escapista de la realidad y la del nuevo
lugar u hogar en el que se instala el espectador.  En un malabarismo no del todo justificado,
Labanyi salta de la memoria que del cine tienen hoy espectadores de los años 40 y 50 al
papel del cine dentro de la creación de ficción, abriendo el análisis simultáneamente en dos
planos, el real y el ficticio, que podrían plantear preguntas y análisis distintos.

En “La construcción del tiempo: dos documentales creativos” Paul Julian Smith se propone
analizar, a la luz de la “elusiva y problemática” (174) distinción de Nora entre memoria e
historia, dos documentales de 2001: En construcción, de José Luis Guerín, y Fuente Álamo,
la caricia del tiempo, de Pablo García.  Después de un contraste rápido y poco esclarecedor
del tratamiento del tiempo en ambas, se llega a la conclusión un tanto precipitada de que
“las dos películas muestran de manera magistral que la memoria es captada por la historia,
que la memoria ya es la historia” (178).   A pesar del interés de la propuesta que abre el
ensayo y de los materiales elegidos, se echa de menos una definición de los conceptos de
historia y de memoria que se están manejando (es decir, cómo se relacionan, finalmente,
con los lugares de memoria de Nora mencionados), así como un análisis más exhaustivo de
su representación en los documentales.

José Luis Villacañas Berlanga ofrece en “Carlos y Carolus: Dos memorias” una penetrante
crítica de la representación de la historia en la exposición oficial realizada en Toledo en 2000
para celebrar el quinto centenario de Carlos V.  Villacañas Berlanga enumera y detalla
ilustrativamente la serie de la manipulaciones a que se somete la imagen del emperador,
siendo la más destacada la de artífice de una España europea. La imagen oficial del
emperador está alumbrada por un claro interés político: “subrayar la imagen y dimensión
europea de la España imperial, aun cuando esta imagen fuera la de una hegemonía cuyo
sentido resulta radicalmente contradictorio a los equilibrios federales de unidad y diversidad
que son constitutivos de la Unión” (186).  En este proceso de representación histórica que
elude toda mirada crítica y que hace del poder un fenómeno estético, según el autor, se ha
perdido la preciosa oportunidad de hacer “pedagogía histórica” (186). La constante eficacia
argumentativa del ensayo, sin embargo, se nubla al final con la enigmática conclusión de
que “finalmente, todos los lugares de la memoria coinciden en un consenso” (204).
¿Podemos considerar bajo el mismo término –lugares de memoria– cosas tan distintas como
la exposición oficial, la visión que el padre del autor tenía del emperador –visión que
acertadamente se contrasta con la proyectada por la muestra oficial– y los recuerdos del
propio autor sobre estos detalles de su infancia? Y si fuera así, ¿en qué consiste entonces el
consenso entre ellas? Pendiente de estas preguntas, el concepto de lugar de memoria queda
indefinido.

En “La deconstrucción de la memoria. El argumento perverso sobre la represión franquista”
Agustí Colomines denuncia de manera convincente el revisionismo histórico actual que
intenta negar la naturaleza represiva del franquismo, entre cuyos objetivos estaba eliminar
las instituciones de autogobierno de las culturas no castellanas y españolizarlas
culturalmente.  El hecho de que el régimen franquista no consiguiera llevar a cabo con total
éxito sus propósitos represores y uniformadores se ha convertido en una especie de
“argumento perverso” manejado por aquellos que quieren negar el totalitarismo franquista.  
Los trabajos de Juan Ramón Lodares y de Jon Juaristi se incluyen en esta moda revisionista
encargada de lo que se llama “deconstrucción de la memoria”. A pesar del uso
desafortunado del primer término (más que deconstruir la memoria del franquismo, el
revisionismo conservador la construye a su manera), Colomines se refiere con esto a la
falsificación o distorsión interesada de la memoria histórica.  Finalmente, haciendo eco de
Nora, Colomines reclama que el deber de recordar sea considerado en sí un lugar de la
memoria.  Aunque en momentos se hace cuestionable el uso de expresiones como “relato
histórico” (207) y “perspectiva historiográfica” (208) como referencias objetivas al pasado,
este ensayo logra acertadamente llamar la atención sobre la manipulación de la memoria
utilizada actualmente con fines partidistas contra los nacionalismos.

En el brillante ensayo “El patriotismo constitucional o la dimensión mnemotécnica de una
nación”, H. Rosi Song analiza el reciente uso político de la Constitución como
lieu de
mémoire
que conmemora “un estado indivisible” y una “identidad nacional cohesionada”
(228).  Song toma como ejemplo el discurso del rey en la conmemoración del vigésimo
quinto aniversario de la
Constitución de 1978, en el que se hace una defensa del texto como
marco de una estabilidad y unidad nacionales de la que evidentemente se desprende una
oposición a las propuestas de reforma procedentes de Cataluña y del País Vasco. A partir de
ahí se analiza en qué consiste el “patriotismo constitucional” difundido por el gobierno del
PP: una desviación del término de Habermas, que explica la Constitución “como parte de
una memoria colectiva que requiere la lealtad incondicional de todos los españoles por sus
valores universales y sus logros democráticos” (225). Para Song esta postura “revela una
paradójica –y problemática– comprensión de la pluralidad española” (226) ya que “no
expresa una lealtad a sus valores [de la Constitución] sino a su proyección de una identidad
nacional” (231).

El volumen concluye con un texto inédito de Manuel Vázquez Montalbán titulado “Las
memorias”, donde se reflexiona sobre la memoria de los vencidos, el papel de ésta en la
creación literaria de su generación y en la larga resistencia a la cultura oficial. Este cierre
homenajea al recientemente fallecido escritor quien, en palabras de los editores, supone en
sí mismo un “lugar de memoria de la literatura española democrática” (14).
(Isabel Cuñado,
Bucknell University)
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